Cartas a dirección.
Cuando la dirección está dividida, las personas se dividen, los esfuerzos se dividen y la motivación cae.
Cuando la dirección no está unida, los profesionales toman parte. Se adhieren a una parte o la otra.
El partido que tienen que ganar juntos contra el rival, la competencia, no es posible jugarlo siendo un verdadero equipo.
Se han divido en dos equipos.
Rivales.
Con el paso del tiempo, la situación en la dirección se vuelve más perniciosa.
Siempre hay uno que quiere ganar. Imponer su visión es lo único que cuenta.
Los profesionales, van acusando el cansancio, la moral baja y el trabajo se hace sin ilusión, sin orientación, o no se hace.
Todo se convierte en un apagafuegos.
“¡Que salga el sol por donde quiera!, yo voy curro y a mi casa”.
Al final los clientes, lo notan.
La productividad y la competitividad disminuye.
La división es tal que, o se toman decisiones drásticas, o el futuro se complicará.
El partido o se gana en equipo o se pierde.
El enemigo está fuera.
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