En las organizaciones, hablamos de productividad, resultados y rendimiento.
Pero muy pocas veces se habla de lo que permite que todo eso ocurra: la calidad de las relaciones.

Una relación de confianza no es un “extra emocional”.

Es una base estratégica.
Porque cuando las personas confían unas en otras, todo cambia:

  • Se toman mejores decisiones.
  • La comunicación es más fluida.
  • El clima mejora.
  • La colaboración se vuelve real.
  • Y el conflicto se gestiona con madurez.

 La buena noticia: la confianza no depende solo de la suerte o de que “haya buena gente”. Se construye. Y se entrena.

  1. Cumplir lo que se promete

Parece obvio, pero no siempre se da.
Cuando alguien dice que va a hacer algo y lo hace, genera credibilidad.
Y esa credibilidad, repetida en el tiempo, se convierte en confianza.

En cambio, cuando las promesas no se cumplen, aunque parezcan pequeñas, se debilita la relación y aparece la duda.

  1. Escuchar con intención

Escuchar no es simplemente dejar hablar.
Es mostrar interés real por lo que la otra persona está diciendo, sin interrumpir ni pensar en la respuesta mientras habla.

Cuando se escucha con intención, la otra persona se siente tenida en cuenta. Y eso crea un vínculo seguro, aunque no siempre estemos de acuerdo.

  1. Dar feedback sin herir

Muchas relaciones laborales se deterioran porque no hay feedback… o porque se da de forma destructiva.

La confianza crece cuando hay claridad y respeto a la vez.
Cuando se puede decir lo que no funciona sin que eso se convierta en un ataque personal.
Saber dar feedback con inteligencia relacional es una de las claves más potentes para construir relaciones sanas.

  1. Pedir ayuda sin miedo

Mostrar vulnerabilidad no es debilidad.
Es humanidad.

Cuando en un equipo alguien puede decir “esto no lo sé” o “¿me ayudas?”, sin miedo a ser juzgado o castigado, se genera un espacio seguro.
Y donde hay seguridad, hay colaboración real.

  1. Asumir responsabilidad en los conflictos

Cuando algo no va bien, es fácil buscar culpables.
Lo difícil —y valiente— es preguntarse:
¿Qué parte de esto puedo hacer mejor yo?

En relaciones maduras, la responsabilidad es compartida.
No se trata de asumirlo todo, sino de no poner toda la carga en el otro.

Para finalizar diremos que la confianza no es un accidente.

Nada sólido en una relación surge por azar.
La confianza se construye cada día, con intención, a través de gestos pequeños, repetidos y coherentes.

Como líderes, como compañeros o como parte de un equipo, todos influimos en la calidad de las relaciones.

Y si queremos organizaciones más sanas, ágiles y humanas… empecemos por ahí.

¿Cuál de estos comportamientos te parece más fácil o más difícil de mantener en el día a día?

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    Puy Monleón

    Asesora Senior y Mentora
    Consiguiendo resultados para las empresas sincronizando organización, comunicación y relaciones.

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